piedra del solDescubrimiento de la Piedra del Sol. 17 de diciembre de 1790.

INTRODUCCIÓN

La Piedra del Sol es un monolito que sintetizó el conocimiento astronómico que los antiguos mexicanos habían desarrollado hasta antes de la conquista española. La piedra fue localizada “circunstancialmente” a finales del siglo XVIII en el costado sur de la Plaza Mayor de la ciudad de México, donde había sido depositada con el relieve hacia abajo y cuidadosamente enterrada para no ser destruida por los evangelizadores españoles durante el periodo colonial. Según el arqueólogo Felipe Solís, “los sobrevivientes a la hecatombe protegieron su diseño con una capa de cenizas volcánicas o arena, con lo que la salvaron de una inminente destrucción.”[2]

 

Pero la fecha exacta de su descubrimiento, el 17 de diciembre de 1790, pone en evidencia que su resurgimiento de las entrañas de la tierra fue un acontecimiento magistralmente planeado, ya que en esa fecha comenzaba el año trece carrizo. El símbolo colocado en la parte superior del Calendario Azteca.

!3-carrizo. Símbolo ubicado en la parte superior de la piedra del Sol.

La Piedra del Sol vino a ser un elemento fundamental que anunciaba el retorno del pasado indígena a la nueva cultura mestiza que durante el proceso de independencia sirvió a los estudiosos del pasado indígena como fuente de símbolos prehispánicos que se incorporaron a la nueva identidad mexicana en proceso de construcción.

En distintas épocas la piedra ha sido colocada en diversos sitios, entre ellos el exterior de la pared poniente de la catedral metropolitana. Actualmente se exhibe en la sala Mexica del Museo Nacional de Antropología e Historia, ubicado en el conjunto del Bosque de Chapultepec; y por el lugar que ocupa al interior de la sala, se le puede considerar la pieza más importante.

La información que existe sobre esta creación escultórica está dispersa y no es precisa en cuanto a la manera en que los antiguos mexicanos computaban el tiempo.

Nuestros antepasados estructuraban sus calendarios con fines prácticos (para la agricultura), y con fines astronómicos, los cuales en conjunto daban la pauta para la elaboración de sus complejos ritos que hasta hoy día están presentes, mezclados con el culto católico, producto del inevitable sincretismo cultural, constituyen una poderosa fuerza vital del México profundo.

La Piedra del Sol fue esculpida en piedra volcánica por Axayacatl, emperador azteca, que entre guerra y guerra pudo terminarla e inaugurarla en una solemne ceremonia poco antes de morir en el año de 1481. En esta piedra también se sintetizó de manera magistral la concepción cosmogónica del tiempo cíclico que habían descubierto los antiguos habitantes, gracias a su profundo conocimiento de la astronomía. El Sol, los planetas Venus y Tierra, con su satélite, la Luna, fueron los astros directamente implicados en este tejido astronómico grabado en el majestuoso monolito.

Vista por primera vez, la piedra es un gran círculo decorado con numerosos símbolos. Si nos acercamos para observar mejor la escultura es evidente visualizar las cinco eras cosmogónicas consignadas en los textos indígenas del siglo XVI y en los códices prehispánicos. La del quinto Sol, la de movimiento, llamado nahui ollin, es la edad cósmica de mayor dimensión representada en este monolito. Esta primera observación ya deja entrever que cada uno de los símbolos que se encuentran en esta piedra contiene significado cronológico.

En una segunda observación vemos en el primer anillo de la Piedra del Sol los veinte días con los que se formaba el calendario prehispánico, y esto es otra señal que nos manifiesta su asociación con el tonalpohualli, el calendario sagrado de los antiguos mexicanos.

La presencia de ocho rayos del Sol y el símbolo del año xihuitl, es un detonante que confirma, con toda seguridad, que en esta rueda hay periodos astronómicos vinculados a la sistematización del tiempo en un calendario, pues, como se sabe, ocho años corresponden a cinco revoluciones sinódicas de Venus, planeta muy observado por los pueblos del área mesoamericana, dado que estaba ligado a Quetzalcoatl, su héroe cultural.

En una nueva observación a la piedra veremos el símbolo 13-carrizo,[3] uno de los elementos centrales de su diseño. Este símbolo y el nahui ollin, 4-movimiento, recuerdan uno de los mitos antiguos que asociaban a estas combinaciones con la formación del quinto Sol:

“El quinto Sol:

4-Movimiento su signo.

Se llama Sol de Movimiento,

porque se mueve, sigue su camino.

Y como andan diciendo los viejos,

en él habrá movimientos de tierra,

habrá hambre

y así pereceremos.

En el año 13-Caña,

se dice que vino a existir,

nació el Sol que ahora existe.

Entonces fue cuando iluminó,

cuando amaneció,

el Sol de movimiento que ahora existe.

4-Movimiento es su signo.

Es éste el quinto Sol que se cimentó,

en él habrá movimientos de tierra,

en él habrá hambres.” [4]

[1]Cita tomada de Trece poetas del mundo azteca, de Miguel León Portilla, México, UNAM, 1984, p. 136.

[2] Felipe Solìs, “La Piedra del Sol”, en Arqueología mexicana, enero-febrero 2000; pp. 32-39.

[3] En los textos del siglo XVI el carrizo fue llamado también caña.

[4] El mito proviene de los Anales de Cuauhtitlán, fol. 2. Tomado del libro de Miguel León-Portilla, De Teotihuacán a los Aztecas, pp. 472 y 473.

El gran Chalchihuitl

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